La Felicidad y los Duendes

260px-Duende-mitologiaUn día cualquiera, varios duendes decidieron hacer una travesura. Uno de ellos dijo:
Debemos quitarles algo a los hombres, ¿pero qué les quitamos?

Después de mucho pensar uno de ellos dijo:

– ¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde la escondemos para que no la encuentren -propuso el primero-. Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo, -a lo que inmediatamente repuso otro:

– No, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si uno la encuentra, ya todos sabrán donde está.

Luego propuso otro:

– Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar, -y otro contestó:

– No recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá un aparato para poder bajar y entonces la encontrará.

Uno más dijo:

– Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra, -y otro agregó:

– No, recuerda que tienen inteligencia, y algún día alguien va a construir una nave en la que puedan viajar a otros planetas y la va a descubrir, entonces todos tendrán felicidad.

El último de ellos era un duende que había permanecido en silencio escuchando atentamente a cada uno de los demás duendes.

Analizó y dijo:

– Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren.

Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: «¿Dónde?» Y el duende respondió:

– La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán.

Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: El hombre se pasa la vida buscando felicidad sin saber que la trae consigo.

Las 4 Esposas

Había una vez un rey que tenía cuatro esposas. Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo mejor.

También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo temía que algún día ella se fuera con otro.

También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema confiaba en ella para ayudarlo a salir de los tiempos difíciles.

La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto las riquezas como el reino del monarca. Sin embargo el no amaba a su primera esposa y aunque ella lo amaba profundamente apenas él se fiaba en ella.

Un día el rey enfermó y se dio cuenta que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo, y caviló: “Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero cuando muera, estaré solo”. Así que le preguntó a su cuarta esposa:

– Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

– ¡Ni pensarlo! -contestó la cuarta esposa y se alejó sin decir más palabras… Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo filoso

El entristecido monarca le preguntó a su tercera esposa:

– Te he amado toda mi vida y ahora que estoy muriendo… ¿Estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

– ¡No! Contestó su tercera esposa. ¡La vida es demasiado buena! ¡Cuando mueras, pienso volverme a casar!…

Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se puso frío. Entonces preguntó a su segunda esposa: – Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

– ¡Lo siento, no puedo ayudarte esta vez! Contestó la segunda esposa. Lo más que puedo hacer por ti es enterrarte!

Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.
Entonces escuchó una voz:

– Me iré contigo y te seguiré dondequiera que tú vayas…

El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición. Profundamente afectado, el monarca dijo: ¡Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!

MORALEJA

En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas:

Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo… no importa cuánto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejará cuando muramos.

Nuestra tercera esposa son nuestras posiciones, condición social y riqueza… cuando muramos, irán a parar a otros.

Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos… no importa cuánto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.

Y nuestra primera esposa es nuestra alma, frecuentemente ignorada en la búsqueda de la fortuna, el poder y los placeres del ego. Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañará adonde quiera que vayamos

¡Así que cultívala, fortalécela y cuídala ahora! Es el más grande regalo que puedes ofrecerle al mundo.

El Eco de la Vida

Un espeleólogo, hombre aficionado a explorar las grutas y cavernas, llevaba a su pequeño hijo de cuatro años a conocer por primera vez una cueva, en la cual el pequeño descubrió el “eco” arrojando una piedrecilla.

El chico sorprendido gritó: “Horrible” y el eco le regresó el grito. Gritó entonces: “Espantosamente” y el eco devolvió nuevamente el sonido.

El chico tembló de miedo ante lo desconocido y le preguntó a su padre sobre esa resonancia. El padre inteligentemente lo tomó en sus brazos y le dijo: «Hijo mío, escucha nuevamente…» y gritó: “Maravillosamente” y el eco le devolvió en sus diversas voces gritos de “bello, espléndido, extraordinario, excelente”, con iguales resultados.

El niño sonrió y le volvió a preguntar: «¿Qué es papá?» y él le respondió: «ES LA VIDA HIJO MÍO. Como le llamas, te contesta. Pídele lo mejor y te dará lo mejor. Pídele lo peor y te dará lo peor».